«¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. Pero, ¿por qué afirman ustedes que estoy loco?»

¡Hoy toca podcast! Esta vez, os narro un relato en primera persona sobre un hombre muy sensible al que están juzgando por… «unos cuantos» crímenes.

En él toco un tema bastante sensible para los amantes de los animales. Cuando era pequeña, yo tenía un mejor amigo del mundo que se llamaba Morete. Sí, era un perro. Su dueño era el vecino de enfrente de mis abuelos, y no le prestaba mucha atención. Venía a buscarme a la puerta de casa todas las tardes. Yo cogía mi bici y él me seguía corriendo. Nos íbamos de aventuras al monte, siempre juntos. Ese perro me dejó unos recuerdos, vagos, porque fue hace mucho, pero felices. Muy felices. Cuando pienso en él se me saltan las lágrimas.
Un día, fui al pueblo y Morete ya no estaba. Nunca supe exactamente qué había pasado… sólo que lo habían encontrado… ya sabéis. No necesito explicar nada más.
Muchas personas consideran esto como lo normal, en los pueblos, es lo que hay. Pero a mi no me lo parece. Siento rabia y frustración. Este relato me divirtió y me sirvió como «terapia» para soltar esa rabia, aunque sólo sea un poquito.

El relato surgió de un ejercicio de clase que tenía que comenzar como El Corazón Delator de Edgar Allan Poe: «¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. Pero, ¿por qué afirman ustedes que estoy loco?» Este fue el resultado.
Espero que os guste.

Coto de caza

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