CARROÑERO
Hoy traigo un microrrelato bastante jugoso. Tan jugoso como las vísceras del cadáver que nuestro protagonista está a punto de zamparse.
No tengo mucho más que decir, sólo que espero que lo disfrutéis, o que vomitéis… lo que sea.
El cuervo picotea las cuencas casi vacías. Ya se ha bebido el dulce líquido intraocular pero aún tiene hambre y espera a que llegue algún buitre y le facilite el acceso a las entrañas mientras se acicala las negras plumas.
Enseguida empiezan a aparecer sus congéneres, que graznan reprendiéndolo por no haber esperado. Pero a él le da igual. Él sólo quiere probar las jugosas vísceras a las que noo puede acceder sin ayuda.
Cuando llega el buitre, todos se arremolinan a su alrededor, ansiosos, y se monta tal revuelo que apenas se ve el cuerpo entre tantas plumas.
Nuestro cuervo logra colarse entre todos los demás, arranca un buen pedazo de hígado y se lo lleva a su escondrijo, dejando a los otros peleándose por el resto.
Desde las rocas entre las que se ha escondido para zamparse su trofeo tiene buenas vistas, y ve cómo un coche se detiene a pocos metros del cadáver. A continuación escucha un potente grito que espanta a algunas de las aves que se encuentran allí rapiñando.
Los de las luces y las sirenas no tardarán en llegar. Mientras tanto, intentará robar otro pedazo antes de que se lleven el cuerpo.


