Pizca, la gata rancia, observando el crimen.
«El gato me observa en silencio, inmóvil, como si fuera de escayola. El gato lo sabe. El gato se entera de todo pero no me juzga. El gato es mi confidente, mi amigo.
El gato nunca le contará a nadie lo que acabo de hacer, aunque tampoco me ayudará a deshacerme del cuerpo.«
Me gustan las anáforas. Son sencillas y divertidas de hacer. Esta, como tantas otras cosas, la hice en clase de escritura. Tardé unos diez minutos en terminarla y nos reímos mucho. Gatos y asesinatos… Lleva mi firma, ¿no?


