TÚ PUEDES. MÁNDALES A LA MIERDA, PERO CON EDUCACIÓN
Llega un momento, o varios momentos, en esta vida en los que hay que decir «se acabó».
Se acabó que me pisoteen, se acabó que se rían de mí, se acabó la leche… Y es un momento genial que todos deberíamos vivir, menos lo de la leche cuando te vas a hacer un té chai con especias, que está mucho mejor con leche.
Pues esta semana he tomado una decisión vital que espero que salga bien, y soy positiva. Creo que va a salir bien. Voy a mandar a mis jefes a tomar por saco, pero con educación.
Nada de ir a la oficina y decir: «¿Veis este dedo? ¡Pues os lo coméis!». Que eso está muy feo.
Quiero dedicarme a lo que me gusta y para ello, necesito tiempo. No puedo hacerlo todo. Tengo tantas cosas en la cabeza… y tienen que salir, pero cuando uno está de mal humor, no puede hacer reír, ni reírse, ni nada. Y, créanme, llamar a la gente para venderles cosas no es plato de buen gusto para nadie. Muchos días acabo preguntándome qué pasaría si saliera de casa con un hacha a lo Jack Torrance en El Resplandor.
Así que, lo dicho. Voy a darles hasta fin de mes para que se busquen a otra persona y me voy a dedicar a este blog, el podcast y el curso de doblaje, que lo quiero acabar ya.
Desde aquí animo a todas aquellas personas que quieren ser felices pero tienen que ganarse la vida con trabajos que odian, porque hay que comer, a que lo intenten. Que luchen por sus sueños y que no se hundan. Que esta vida no es sólo pagar el alquiler.
Uy, qué bonito me ha quedado.
Por cierto, ¿he pagado el alquiler?
Sí, lo he pagado.


